martes, 19 de septiembre de 2017

Críticas (proyecto "Soledad absoluta")



Cuando terminas de escribir un texto es inevitable que desees darlo a leer. Por supuesto insistes a la víctima de la lectura que sea sincera, que no se preocupe del daño causado a tu ego, que no te importa su contundente veracidad en la opinión. Eres duro. Estás acostumbrado. Y a veces te creen.

Así puedo hacer este resumen de las críticas recibidas de mi obra “Soledad absoluta”, tras ser leída por varias personas en su versión preliminar (después la he corregido un poco).

Críticas negativas:

-Es muy triste y tremebunda. Me desasosiega. Es que me gusta algo más alegre.

-Tienes que “poner” algo más de sexo, si no…

-A mí me va el humor, y lo tuyo… como que no.

-Si estás “depre”, esto que has escrito acaba contigo.

Críticas positivas:

-Se lee de “un tirón”.

-Algunos argumentos son “típicos”, pero les das una vuelta de tuerca.

-Estaba deseando pasar la hoja para descubrir cómo seguía la trama.

-La intriga de todos los relatos está bien.

-Parecen películas. Las ves en la cabeza cuando lees.

-Entretiene, no pido más.

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No diré que estoy muy entusiasmado con las respuestas recibidas, pero temía algo peor. Ya veremos lo que ocurre, allá por octubre (supongo), cuando la obra llegue al público.

sábado, 9 de septiembre de 2017

Gustos y disgustos


Comida: pistachos y tortilla de patata con cebolla.
Narrativa: que me entretenga.
Poesía: bien medida y con rima (el resto es prosa bella fragmentada).
Amigos: todos.
Amores. solo uno (una).
Animales: ninguno, menos mi perro (¡hola, Kim!).
Política: matriarcado.
Religión: para los demás, si la quieren.
Ciencia: la del mañana.
Nación: mi idioma.
Dolor: ¡puto estómago!
Bebida: agua, vino, sidra (en ese orden a horas aleatorias).
Aficiones: perder al ajedrez (siempre).
Manías: ¿apagué la bombilla del baño?
Vicios: mañana dejo de fumar.
Médicos: el último lo conocí hace tres años (intentó meterme un tubo por la boca, pero me negué).
Edad: depende cuando se lea esto.
Sexo: varón venido a menos.
Sexo: heterosexual sin curiosidad.
Futuro: mañana será otro día.
Tamaño: la media me queda alta.
Estómago: el tubo no me lo meten.
Pelo: contados y a menos.
Ojos: solo lloran cuando bostezo.
Próstata: la empiezo a descubrir seis veces al día, siete, ocho… (será el agua).
Próstata: ¿otra introducción?, tampoco (ni antes por la boca ni ahora por otro sitio).
Estudios: todos los días.
Colores: el arco iris, el blanco y el negro.
Diestro-zurdo: como con la derecha, me rasco con la izquierda.
Memoria: solo se me olvida lo ocurrido mañana.
Diversiones: pensar, soñar.
Ambiciones: mañana será otro día.
Dinero: aún tengo para tabaco (pero mañana lo dejo).
Futuro: mañana será otro…
Futuro: no sé.
Futuro: no sé.
Futuro: no me acuerdo.
Muerte: después.
Salud: gracias.

miércoles, 16 de agosto de 2017

Críticas de amigos

Es inevitable. Escribimos un libro y lo damos a leer al amigo, a ese que lee tanto, con el que hablaste durante días de esa tu obra. Quizá quieras una opinión objetiva, una crítica profunda, un pequeño halago, un enorme halago. Algo así.
Y obtienes lo que mereces.
El amigo tiene sus gustos literarios, ahora está leyendo algo que le interesa, no es un crítico literario y, además, puede que tenga muchas cosas que hacer antes de elucubrar sobre tu magnífico aporte literario y explicártelo. Puede que esté leyendo una obra de Margaret Atwood (por poner un ejemplo), y no le apetezca cambiarla por ti, mira tú qué descortesía. Puede que solo le agrade leer sin tener que hacer un resumen o anotar faltas o incorrecciones; quizás no se considere el mejor crítico literario de alguna sección cultural de cualquier periódico, o tendrá a su niña enferma de lombrices feroces. Entonces recibes lo merecido: el silencio.
“¿Y este por qué no me dice nada?”, te preguntas un mes después de regalarle tu maravilloso libro. “¿No era mi amigo?”. No te planteas si la amistad es recíproca. No se te ocurre imaginar si él piensa que “¿por qué éste me obliga a leer lo que no me apetece?, ¿Por qué he de opinar como si supiese juzgar lo que leo?, ¿por qué mi nena tiene lombrices?”
Es que los amigos son así de injustos. Buscamos en ellos la ilusión falsa del Iris llamativo y nos encotramos con casas vacías.

sábado, 12 de agosto de 2017

Otro fragmento de "Soledad absoluta"



Esta vez muestro un fragmento del relato titulado "Ceirno", el cuarto de los que componen el libro "Soledad absoluta". Es un cuento largo de tono fantástico y ambiente lóbrego y misterioso; trata, como los otros del libro, sobre la soledad, pero en este se sugiere la solución a la pesadilla.



Aunque de muchachos habíamos sido compañeros íntimos, en realidad sabía poco de
mi amigo.
-La caída de la casa Usher- Edgar Allan Poe.

Comenzó el misterio cuando recibí el llanto manuscrito de un antiguo amigo, el cual me había enviado cierta oscura carta desde un pueblo remoto. En ella, tras recordar nuestro lejano trato fraternal y explicar con vaguedad los acontecimientos de su vida en los últimos tres años, pasaba a rogarme encarecidamente que me dejase caer por el lugar donde actualmente residía y ejercía de maestro. En la misiva no aclaraba la urgencia ni el motivo de la ayuda, tan solo daba a intuir un problema personal que lo trastornaba hasta el borde de la locura. Los detalles del dolor no los comentaba, se diluían prendidos en el albur de la incertidumbre. Casualmente, yo disponía de varios días libres y la intriga siempre fue un impulso muy grande a la hora de tomar mis decisiones. Eso, junto con la amistad hacia Álvaro, fue el envite para iniciar el viaje a Peñalta, el así llamado –en principio—  pueblo de mi destino.
Encontrar Peñalta no resultó tan sencillo como pensaba, a pesar de ser yo un viajero impenitente e ir armado con varios mapas de la zona. Equivoqué la ruta muchas veces y hube de preguntar en varias ocasiones por el destino correcto. En uno de los despistes, cuando detuve el coche y requerí información a una anciana providencial, esta se dobló para apostarse a la altura de la ventanilla del vehículo, observando en silencio mi rostro durante unos segundos interminables; se mantuvo encorvada, mirándome con fijeza escrutadora durante tanto tiempo que repetí la pregunta en voz más alta, temiendo, debido a  su edad, el padecimiento de la sordera. Ella, por fin, dijo:
            —Casi ha llegado. En el próximo desvío a la izquierda tomará la ruta que sube a ese sitio. Pero usted no es.
            —Yo no soy ¿qué?
            —Usted no es —repitió ella, dejando sin terminar lo que acepté como una frase inconclusa y, por tanto, de nulo significado. Cosas de la edad, pensé.

viernes, 11 de agosto de 2017

Publicar tu libro



A menudo hablo con los amigos aficionados a la literatura sobre cómo publicar el libro que han escrito. Siempre les comento que ahora, con Internet, es muy sencillo, aunque la mayoría de la veces, inútil; al menos no se consigue lo que todos esperamos de nuestra puesta de largo como escritores.
Disponemos de plataformas en la Red donde nos lo dan todo gratis y casi todo hecho (Amazon. Bubok, etc.). En estos casos la publicación es sencilla y casi siempre su resultado nulo para la difusión de nuestra obra. Puede dar un cierto resultado si contamos con un buen despliegue personal en las redes sociales, pero muy poco transcenderemos más allá de nuestras amistades y relaciones personales.
Otro camino para dar a conocer nuestros libros, y quizá publicarlos, son los concursos. Estos son, en buena medida, una lotería. Tú novela o colección de relatos puede ser excelente, pero entre 200 concursantes habrá otros cinco o diez tan buenos como tú. Y solo ganará uno. Puedes presentar tu maravillosa novela a 50 concursos y quedar el segundo en todos ellos; será lo mismo que si hubieras quedado el último (si se hiciera una clasificación, pero para entendernos, vale).
A continuación podemos pensar en la coedición. Aquí tú pagas, de una forma u otra, el coste de la edición y recibes más o menos ayuda profesional, incluso cierta pequeña distribución en librerías. Para este sistema de publicación la oferta en bastante grande y variada. Hay editoriales de este tipo que son buenas, regulares y malas; algunas honradas y otras no tanto. Buscar opiniones en la Red es imprescindible.
Hablemos ahora de los agentes literarios. Estos te pueden ayudar mucho y muy bien… si les interesa. Cobran un porcentaje de los contratos que te consigan, y por eso mismo es muy raro que acepten un cliente novato en el mundo de la literatura. Alguno de estos profesionales oferta su representación a cambio de dinero al margen del porcentaje, de estos debes huir como de la peste: te cobrarán por buenas palabras y nula gestión.
Finalmente tenemos las editoriales importantes, las que manejan dineros, tienen buena financiación, obtienen aceptables beneficios y controlan el mercado editorial. Puedes enviarles tu manuscrito y sentarte a esperar como el escritor primerizo que ha escrito el nuevo Quijote: nunca te contestarán.
Y esto es lo que hay. Difícil, sí; casi imposible, pero el “casi” es un hálito de esperanza.
¿Consejos?, nunca. Pero si cometo la torpeza de darlos, diría… Escribe un poco todos los días, corrige mucho todos los días, y cuando logres una obra que te parezca más o menos buena dala a leer a varias personas (cuanto menos familiares o  amigas tuyas sean, mejor); mientras llevas a cabo todo lo anterior, ahorra un poco de dinero (si puedes), y contacta después con alguna pequeña editorial que por algo de tu dinero y mucho de su trabajo te ayude en la edición, promoción y leve distribución del libro. Después… a ver qué pasa. Ten en cuenta que tendrás que trabajar duro en la promoción, aunque la editorial te ayude un poco.
Dicho lo cual, siempre hay excepciones que alcanzan la gloria levantando la mano de su libro recién escrito y diciendo: “He escrito algo sublime”. Y puede que sea cierto. Entonces todos, agentes literarios, editoriales y público lector se levantarán enfervorecidos y en pié aplaudirán. Pero esto, tenlo por seguro, no es lo más habitual.